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Check List al Teletrabajo

 

Ahora imagínate por un momento que tu mejor amigo te avisa que viene a tu casa. Tenerlo en casa es estupendo. Durante meses, para estar juntos habéis tenido que desplazaros, acordar horarios y ahora que lo tendrás a tu lado, todo es tan nuevo como positivo.

¿Que no tienes cama ni habitación para él? NO IMPORTA, un colchón en el salón es una opción recurrida y hasta divertida.

¿Que coincide en horarios con tus hijos? NO PASA NADA, siempre quisiste que le conocieran mejor y ésta es una oportunidad, podréis estar todos juntos.

¿Que sus horarios son un poco extraños y se solapan con tus hábitos de vida? QUÉ MÁS DA, lo importantes es que está ahí, cerca, puedes ser flexible con eso.

¿Qué te roba tiempo solicitando tanta dedicación? PEOR SERÍA NO PODER TENERLO. A fin de cuentas, sabes que será poco tiempo y uno se adapta a todo, e incluso lo aprecia en la excepcionalidad.

 

Pero…. ¡¡¡¡¡¿y si ahora te dice que viene para quedarse?!!!!! Entonces la situación cambia, ¿verdad?

 

El colchón en el salón ya no es divertido, echas de menos no tener un tiempo en exclusividad con tu familia, te agota no poder vivir según tus rutinas, y empiezas a echar cuentas de la nueva situación. Sin embargo no hay marcha atrás   VIENE PARA QUEDARSE, y hay que buscar una manera de organizar esta situación, para que sea enriquecedora para ambos.

 

 

No es mi intención hablar aquí de todas las ventajas del teletrabajo (las estamos escuchando a diario), ni tampoco de sus inconvenientes (los escucharemos cuando los problemas de convivencia con este amigo empiecen a ser más evidentes).

Lo importante es tener en cuenta que una herramienta tan potente como ésta, requiere un proceso de adaptación y aprendizaje también potente. Y como organización nuestro papel es promover los pasos necesarios para que su implementación sea óptima. Nos interesa empezar a pensar en cómo afecta a la salud emocional de nuestros trabajadores, no solo porque hacerlo sea bueno para ellos, sino también porque es necesario para que nuestro proyecto funcione.

 

Porque ya no todo sirve, ya no todo es divertido cuando deja de ser novedoso… Porque pasados las primeras semanas de esa mezcla entre temor y novedad, y las segundas de aceptación y acoplamiento, llegarán las terceras de rutinas, y las cuartas de aburrimiento, y las quintas de necesidades…  Por todo eso, es el momento de hacer un check list que nos permita planificar la gestión de esta herramienta que es el teletrabajo.

 

  1. ¿Es la mejor opción? Piensa que hasta la mejor herramienta, no es la mejor herramienta para todo. Deja de lado las modas, estudia tus necesidades y genera a partir de ahí posibilidades. Habrá actividades que se adaptarán estupendamente al teletrabajo y otras donde será más dificultoso. Plantéate modelos mixtos.
  2. Teletrabajar no significa trabajar en la distancia, es importante que distingas entre presencialidad y cercanía. El sistema operativo de nuestro cerebro es social, está construido para tener relaciones sociales, busca la manera de mantenerlas. Plantéate, de nuevo, modelos mixtos de interacción.
  3. ¿Están tus trabajadores cualificados? Si cuando compras una máquina piensas en la formación necesaria para su buen uso, no pretendas que un cambio como éste pueda hacerse sin que ello sea también necesario.
  4. ¿Están tus trabajadores preparados? También es importante. No puedes dejar de lado que cuando implementas nuevos procedimientos de trabajo deben reforzarse competencias y motivaciones para que sean exitosos: capacidad de concentración, capacidad de organización, autonomía,  gestión de tiempos …  se pueden entrenar y mejorar.
  5. ¿Estás contando con que tus trabajadores son personas? Gestionar el lado humano y emocional de tus colaboradores será clave para el afrontamiento de nuevas situaciones: gestionar la incertidumbre, sentirse apoyado, la necesidad de ampliar refuerzos, gestionar el estrés … son variables de alto impacto en este proceso de adaptación.
  6. ¿Dispones de los recursos necesarios? Sí, eso también te compete. Cuando diseñas una oficina piensas en el espacio, las interferencias entre usuarios, las mesas y sillas donde realizarlo…. porque sabes que eso repercute en el bienestar de tus colaboradores y por tanto en tus resultados. ¿Y cuando el trabajo es en casa? ¿Pueden disponer tus colaboradores de espacios de trabajo adecuados? ¿Pueden parcelar tiempos? ¿Estás contando con ello?
  7. Llevamos un buen rato hablando de nuevos procedimientos, ¿los tienes diseñados? Implantar el teletrabajo es algo más que un ordenador en una casa. ¿Tienes definidos procesos? ¿Están definidos los tiempos de trabajo? ¿Están claros los objetivos? ¿Hay un diseño para mantener los lazos motivacionales y de apego? ¿Está valorada y tenida en cuenta la necesidad de interacción en los modelos de trabajo en equipo? ¿Estás diseñados los procesos de apoyo y seguimiento?

 

 

¿Estamos en un momento “feliz”, con nuestro amigo en casa, “de visita”?. Ahora que sabemos que viene para quedarse, trabajemos para que esta convivencia sea enriquecedora para todos.

 

Dejemos por un momento de mirar obnubilados a la herramienta, y pensemos quién la usará y cuál será la mejor manera de hacerlo.

PIENSA EN PERSONAS.

 

NO TE SIENTAS MAL POR ESTAR MAL

Pedro hoy es el niño más feliz del mundo. Con sus dos años, al fin ha conseguido poder comerse un helado de esos de mayores, de esos que van metidos en un cucurucho de galleta y que son grandes, grandes…. Lo mira, redondito por arriba, acabado en pico por abajo… su vida es su helado. Y como la vida a veces nos sorprende para mal, Pedro acaba de descubrir que esa vida le ha jugado una mala pasada, y ha manchado su camiseta preferida. No sabe muy bien qué pasó, si fue el pequeño tropezón que tuvo con ese niño que pasaba y que intentó estirarle los rizos, si fue que no supo gestionar bien los tiempos y se entretuvo demasiado en otras cosas mientras el helado se le derretía, si es que el helado quería fastidiarle… No entró a valorarlo.
No buscó soluciones, bueno sí, intentó quitarlo frotando con la mano, así disimuladamente pero….. sólo logró estropearlo más al intentar taparlo. Tampoco buscó ayuda, no fuera que encima le riñeran… Sólo sintió vergüenza por haberse manchado, sólo sintió que no sabía gestionar su “adultez”, sólo valoró que no podía ser “normal” que él con sus dos años no fuera capaz de comerse ese helado sin problemas… y entonces se sintió mal.
Como “adulto” que era, no quiso pillar una perreta, no fuera que se notara su disgusto. Tan sólo dejó caer sus brazos casi tan abajo como su ánimo, dejó pasar el tiempo pensando en lo que le había pasado, encogió sus hombros para que no se le notara….. y Pedro consiguió no sólo no solucionar ese incidente sino agrandarlo aún más con un helado caído, derretido y oprimido por sus brazos.

¿Os parece una historia triste? Pues puede serlo aún más. Porque lo que le ha pasado a Pedro nos pasa en gran medida a las personas cuando hablamos de emociones.

Cuando alguna de nuestras emociones se derrite y mancha nuestro estado de ánimo, en demasiadas ocasiones no nos planteamos qué ha pasado ni cómo se puede solucionar. Y no lo hacemos porque nos sentimos tan mal por cómo nos ha quedado nuestra camisa, que no reaccionamos. Tampoco pedimos ni buscamos ayuda, porque nos sentimos tan culpables sin saber de qué…que decidimos encogernos de hombros y dejar pasar el tiempo, sin saber que el problema no desaparece, sino que al derretirse se extiende.

En mi consulta como psicóloga y coach, trabajo con muchas personas que pasan por procesos en los que quieren y necesitan mejorar su salud emocional. Las situaciones de estrés, los conflictos personales y profesionales, las dificultades para gestionar los tiempos y prioridades…. nos llevan a situaciones donde nos cuesta trabajo seguir. Y entonces el cucurucho no es suficiente para contener el helado derretido, cada vez más cuanto más esperamos. Cada vez más cuanto mayor es la carga de culpa que nos echamos encima.

Pero… ¿Qué habría pasado si Pedro hubiera pedido ayuda en el momento del primer goterón?

Quizás el mundo no habría sido tan cruel con él como él creía y simplemente, las personas que le quieren le habrían ayudado a solucionar el pequeño incidente. Quizás además habría aprendido estrategias sobre qué hacer si volvía a ocurrirle. Quizás le habrían mostrado alguna causalidad que le ayudara a evitarlo. Quizás le habrían reñido…pero menos. Quizás se habrían reido y le habrían enseñado a reírse de esas cosas que son inesperadas. Quizás le habrían mostrado que uno debe aprender a base de helados derretidos….O quizás le habrían llevado a un sitio donde ayudarle a que no fuera a mayores.

En nuestros malos momentos emocionales, nuestras soluciones no están en taparnos y dejar que la culpabilidad por esa camiseta emocional que no está impoluta y en perfecto estado, nos lleva a la inacción o a la rabia. No es cuestión de culpabilidades, los helados se derriten, los niños tropiezan, las camisetas se manchan, las personas sufren, pasan malos momentos, tienen problemas de salud… también emocional. Nos ocurre a todos…aunque lo intentemos disimular.

Nos han dicho del malestar emocional que una parte pequeña depende de las situaciones y una gran parte de cómo interpretamos esas situaciones. Yo añadiría algo más: el dolor emocional al que llegamos, depende en una pequeña parte del hecho que estamos interpretando y de una gran parte del sufrimiento que nos genera el malestar que nos ha producido. Es lo que llamamos las meta-emociones, es decir, el cómo nos sentimos por tener determinadas emociones, que nos cuesta reconocer, son naturales.

Si cuando nos duele una pierna comunicamos nuestro dolor, buscamos ayuda, sabemos que la cura requiere un tiempo y un esfuerzo…. ¿Por qué no es igual cuando nos duelen las emociones? ¿Por qué nos sentimos culpables de sentirnos mal? ¿Por qué nos cuesta tanto comunicar ese dolor? ¿Por qué nos sentimos tan frágiles? ¿Por qué creemos que ese dolor es avergonzante? Y lo más importante, para qué nos sirve que esto sea así…. PARA NADA.

Quizás la respuesta a estos por qués esté en la creencia de que debemos tener un control absoluto sobre nuestras emociones, y no es así: debemos saber que están ahí y debemos saber que podemos aprender a manejarlas. Pero al igual que aprendemos a caminar y es posible caerse y que nos duela una pierna, también es posible ese dolor con nuestras emociones. Y al igual que es posible salir adelante en un caso, también lo es en el otro.

El dolor emocional debe tener la misma utilidad que todos los dolores, es decir, identificar una necesidad de paso a la acción para la mejora. Debemos trabajar para dejar de añadir a nuestro dolor, el fuerte componente de autoculpabilidad que en demasiadas ocasiones tiene el dolor emocional.

Dejemos de lado esas meta-emociones de culpabilidad, y pensemos en cómo calmar nuestro dolor y en cómo evitar que surja de nuevo. Sin más.

No hay razones para las culpas emocionales: deja de sentirte mal por estar mal, y empieza a trabajar por sentirte mejor. TE LO MERECES.

¿Empezamos?

¿TRABAJAMOS EN EQUIPO?

ROMPIENDO MITOS…PARA EMPEZAR A DAR PASOS…

Quiero dedicar este artículo a todas la personas que han participado en mis procesos de paso a la acción para trabajar en equipo. Hemos roto mitos y también hemos abierto muchas puertas para empezar a dar pasos. A todas esas, de la empresa pública y la privada, que han empezado a convertir sus sueños de trabajar en equipo, en estupendas realidades… ADELANTE!!!!

Rompe mitos para romper límites… Ajusta tus expectativas, antes que tus expectativas ajusten cuentas contigo.
Rompe mitos para romper límites...

NI TODO NI SIEMPRE…
El trabajo en equipo es una de esas cosas que siempre proponemos. Es tan bueno como decir que es bueno hacer deporte, dedicarnos tiempos a nosotros mismos, comer sano…
No seré yo quien pretenda plantear aquí que lo dicho anteriormente no es bueno, pero sí quiero hacer una reflexión sobre el “todo” y el “siempre”. Es bueno hacer deporte pero ni en todas la ocasiones ni en todos los casos; es bueno dedicarnos tiempo a nosotros mismos, pero ni todo el tiempo ni sólo a nosotros. Incluso comer sano es bueno, pero nadie nos podrá negar que algún que otro extraordinario poco saludable para nuestro estómago puede ser muy saludable para nuestra mente.
Trabajar en equipo no supone un todo o un nada en nuestro trabajo. Podemos tener una actividad laboral donde en ocasiones creemos equipos de trabajo y en ocasiones no, lo importante es que seamos consecuentes en cada caso con cada modelo. ¿Alguien cree que trabajar en equipo es igual de eficiente en todos los trabajos y/o tareas? Como en los casos anteriores, ni todo ni siempre.

NI TANTO NI TAN CALVO…
Uno de los pasos más importantes para generar frustración es haber conseguido generar antes unas expectativas desorbitadas. Y con el trabajo en equipo nos ocurre en demasiadas ocasiones.
Las personas no nacen sabiendo trabajar en equipo. Estamos hablando de un PROCESO que supone que las personas que componen el equipo asuman y conozcan cuáles son las ventajas y también los inconvenientes.
El trabajo en equipo no es garantía de buenas relaciones laborales, facilita la interacción y debemos trabajar para que esa interacción sea buena. ¿Alguien cree que abrir las puertas a la comunicación abierta y la responsabilidad compartida es bueno si no sabemos comunicar asertivamente o nadie asume responsabilidades?

NUESTRO AMOR NO ES PARA SIEMPRE…
Tenemos la creencia que cuando un equipo se consolida, queda consolidado para “toda la vida”. Nada es para toda la vida si no se trabaja para ello. Al igual que las personas, los equipos pasan por fases, que hay que conocer y en las que hay que trabajar. ¿Alguien cree que las relaciones se mantienen en el tiempo sin altibajos?

¿QUIÉN MANDA AQUÍ?
También creemos que trabajar en equipo supone estar en organizaciones planas donde no existen ya cadenas de mando. No la hay en el equipo, pero sí en muchas ocasiones en la organización a la que pertenecemos; incluso voy más allá, nuestro equipo puede definir momentos en que las decisiones, por consenso, dependen de una persona. ¿Alguien cree que la mayor parte de nuestras organizaciones, a día de hoy, pueden prescindir de esa cadena de mando en todos los casos?
Por otro lado y aunque resulte contradictorio, tendemos a poner la responsabilidad de un buen equipo en un buen líder. Esperamos que un equipo no tenga una cadena de mando pero a la vez esperamos que un líder nos lleve dentro de ese equipo, y ponemos gran parte de la responsabilidad de ese equipo en el líder del mismo. ¿Alguien cree que una sola persona es responsable de todo lo que ocurra en las interacciones de un grupo de ellas? Si hay algo que define a un equipo es la responsabilidad y el compromiso compartido.

CADA CASA ES UN MUNDO
Podemos definir y estudiar tipos de liderazgo, propuestas de formato de equipo, competencias a desarrollar… pero cada equipo es un mundo. Las “recetas” no son uniformes, se deben adaptar a cada caso, a cada contexto… teniendo en cuenta las personas que componen el equipo.

Dar pasos para hacer camino… Ten clara tu meta, y ten también claro TU primer paso,
Dar pasos para hacer camino...

Quiero de nuevo poner en valor aquí, a las personas que han participado en nuestras acciones formativas. A todas, pero si cabe aún más a aquellas que por definición -más bien por estereotipos anticuados- son pasivas, están “apoltronadas “ en sus puestos fijos, e intentan sólo pasar las horas…. ¡NO ESTOY DE ACUERDO! (Ni todos, ni siempre) A todas esas personas, de la empresa pública y la privada, que han sabido convertir los sueños de trabajar en equipo, en realid¡ades. A todas aquellas que tienen en su programa los pasos que pueden dar para empezar el camino del trabajo en equipo.

A todos aquellos que han llegado a conclusiones tan interesantes como que:

– Cuando queremos trabajar en equipo ponemos en marcha un proceso de cambio con sus tiempos y sus etapas, de las que todos somos responsables y todos podremos obtener beneficios.
– Que la comunicación es esencial para trabajar en equipo, y fomentar una comunicación emocional eficiente es la base de cualquier actividad que suponga una interacción.
– Que aquello que sabemos comunicar nos ayuda a interactuar de manera más saludable.
– Que es importante querer dar, pero también saber pedir (siempre esperamos pero pocas veces pedimos).
– Que todos aquellos procesos que supongan la participación y el compromiso se han demostrado especialmente eficientes y saludables.
– Que si queremos llegar a un cuarto piso, la mejor manera no es dar un salto, es subir paso a paso, metro a metro.

¿BUSCAS LO MALO DE LO BUENO?

¿Conoces a alguna de esas personas que siempre buscan lo malo de lo bueno? Ya sabes, aquellas que piensan que todo tiene una mala parte que hay que destacar.

Aquellas que se van de vacaciones y te hablan del calor excesivo, que tienen un buen trabajo e insisten en las responsabilidades, que tienen un buen salario y te hablan de los impuestos que pagan por ello, que tienen más tiempo libre y lo dedican a pensar cuánto van a aburrirse, que no tienen problemas de salud y te hablan de la última mota que se les metió en el ojo, que pasan por un buen momento y se centran en lo poco que “saben” dura lo bueno…

También existen las personas que tienden a buscar lo bueno en lo malo. Y ahí está la gran paradoja, y es que aquellas personas que están pasando por malos momentos, tienden a fijarse más en lo bueno, como una estrategia para seguir adelante.

Son aquellas que no han podido ir de vacaciones y te hablan de conocer su ciudad, que trabajan día a día dejándose todas sus fuerzas e insisten en ello como una manera de mantenerse activas, que piensan en aprovechar cada minuto de su poco tiempo libre, que buscan cada minuto sin dolor en sus procesos de recuperación, como un momento más de éxito, que pasan por un mal momento y se centran en que lo bueno está por venir…

Ya sabes hay personas que consideran que el agua está fría y otras que nadan para entrar en calor, personas que encuentran la suciedad entre las flores y otras que encuentran flores entre la suciedad, personas que encuentran la paja en todos los ojos, incluso el suyo… y personas que construyen viviendas con las vigas.

Aquí te dejo algunas reflexiones, para que tú decidas si te pasas al grupo de los que buscan lo bueno, incluso entre lo malo.

1. Esperar que TODO sea PERFECTO es la manera más SEGURA de equivocarse. En demasiadas ocasiones planificamos nuestras vidas como si fuéramos los protagonistas de una película donde nada surge del esfuerzo, donde los días son soleados y los campos verdes. Apaga la tele y entra en el mundo real, ese donde las cosas se consiguen con el esfuerzo y donde para que los campos sean verdes, es necesario que algún día llueva. Aprende a apreciar el olor de la hierba mojada por la lluvia, el calor del sol y la frescura de la sombra… y piensa que quizás no todo sea posible, pero sí todo es intentable, y todo tiene un valor, el que tú le das.
2. Una cosa es no ver y otra ponerte demasiados aumentos. No estamos diciendo que no veas las dificultades, están ahí, pero una cosa es esconderlas y otra magnificar las cosas hasta el punto de hacerlas tan monstruosas como insuperables. Balancea tus valoraciones, tu “todo es malo”, NI ES TODO, NI ES TAN MALO.
3. ES TU DECISIÓN ELEGIR EL GRUPO. Una vez que has decidido elegir dónde estar, esa etiqueta te ayudará a mantenerte en él. Porque tu cerebro quiere que tengas razón en la decisión que has tomado. A esto lo llamamos disonancia cognitiva. Por esa razón si has decidido ver cochecitos de bebé mientras paseas, verás un montón de ellos, si has decidido ver piernas escayoladas, verás más que de costumbre…y si has decidido ver cosas buenas en tu vida, las verás también.
4. Al final tus decisiones van marcando tus realidades. ¿Oiste alguna vez hablar de las PROFECIAS AUTOCOMPLIDAS? Si piensas que todo lo que te rodea es negativo, tenderás a ver sólo lo negativo, te comportarás en base a ello, y al final lo terminará siendo. Si crees que tus compañeros quieren hacerte la vida imposible, te fijarás sólo en cada aspecto que lo corrobore y entonces tú te comportarás de tal manera que lo favorecerás.
5. Y por último, si todo lo anterior no te ha servido para reflexionar, plantéate, ¿PARA QUÉ TE SIRVE fijarte en todo lo negativo? ¿Para preocuparte? ¿Para darte pena a ti o a los demás? Ninguna de las dos opciones te ayudará a dar el primer paso para el cambio y la mejora: ocuparte.

En el mundo real, nada es perfecto, y es ahí donde está nuestro valor añadido, eso es lo que nos distingue y lo que nos da poder: EL PODER DE ELECCION, el poder de decidir cómo valoramos y cómo afrontamos nuestras experiencias.
Ser capaces de reconocer y valorar lo positivo, saber apreciar cada momento, a la vez que buscamos la forma de afrontar lo negativo, forma parte de nuestra SALUD EMOCIONAL.
¿EMPEZAMOS?

SIEMPRE TENEMOS RAZON

¿Qué ocurre cuando hemos tomado una decisión, realizado una acción o asumido una creencia? ¿Somos objetivos en su valoración?

Habíamos hablado de cómo las emociones influyen en nuestra toma de decisiones y cómo somos seres emocionales antes que racionales (“PRIMERO SIENTO LUEGO PIENSO”). Ahora tenemos que aceptar otro hecho:  PRIMERO ACTÚO, LUEGO JUSTIFICO MI ACCIÓN.

Imparto habitualmente formación en empresas, en ocasiones a directivos y en ocasiones a personal técnico. Ambos tienen razón en sus planteamiento, ambos tienen sus argumentos bien fundamentados, ambos creen tener razón, ambos tienen su propio mapa. ¿Qué es lo que está ocurriendo?

Cuando una nueva información llega a nosotros, necesitamos ser congruentes con nosotros mismos y justificar nuestras acciones/creencias.

Es lo que el poeta Ramón de Campoamor decía “… nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira…”. Sin quererlo nos hablaba de algo que determina en gran medida nuestra memoria, nuestros argumentarios y nuestras acciones.

Es lo que Festinger llamó disonancia cognitiva. Según esta teoría las personas que se ven en esta situación se ven obligadas a tomar algún tipo de medida que ayude a resolver la discrepancia entre creencias y/o conductas contradictorias.

Esto ocurre hasta tal punto y de una manera a veces tan incontrolable que afecta no sólo a nuestra toma de decisiones, sino también a nuestra memoria y nuestros sentidos.

En el libro “Su memoria” (Alan D. Baddeley) analiza el caso de las declaraciones de testigos oculares. También el psicólogo J.M. Catell publicó investigaciones sobre la exactitud con la que se recordaban acontecimientos cotidianos. ¿Cuál creéis que fueron los resultados?

SIEMPRE TENEMOS RAZÓN
NUESTRA MEMORIA Y NUESTROS SENTIDOS NO ENGAÑAN, “SIN QUERER”, PERO LO HACEN.

Los resultados fueron que … NUESTRA MEMORIA Y NUESTROS SENTIDOS NO ENGAÑAN, “SIN QUERER”, PERO LO HACEN.
Sabemos que no podemos recoger  ni mucho menos almacenar todo lo que observamos. La cuestión es que seleccionamos información, y no lo hacemos aleatoriamente, lo hacemos en función de aspectos que tienen que ver con nuestra arquitectura cerebral y también dejando paso a que nuestras experiencias pasadas, nuestras creencias, nuestros intereses… nos ayuden.

Por esta razón según cuál sea mi equipo favorito veré sus buenas jugadas y las faltas del otro; por esa razón cuando llevo la silla de un bebé me parece que hay más bebés y sillas que nunca; cuando estoy  deprimido  veo todas las cosas malas que ocurren a lo largo del día… Cuando el refrán me habla de “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”, no es que esté intentando engañar a alguien, es que realmente no veo la viga.

¿Lo pasamos al ámbito empresarial?

Si estoy preocupado por un posible ERE veré todos y cada uno de los movimientos que llevan a esa decisión; si tengo problemas con algún compañero, veré con más facilidad sus actuaciones negativas; si creo que los clientes son unos “pesados”, contabilizaré y pensaré en aquellos que cumplen mi creencia…, y no veré el resto.

Y también, si considero que las cosas pueden solucionarse me fijaré en los aspectos que apoyan este hecho: si tengo buena relación con mis compañeros, veré sus actuaciones positivas; si creo que los clientes son “majos”, contabilizaré y pensaré en aquellos que cumplen mi creencia y no veré el resto.

Es la “MAGIA” de esta necesidad de racionalizar y dar explicaciones a nuestras acciones y creencias.

Podemos entrar en un “círculo vicioso positivo”. Por cada decisión que he tomado, por cada creencia, valor o acción que he asumido, tendré múltiples razones que me han llevado a ella, y mi memoria, mis sentidos… estarán apoyándome para no caer en disonancia cognitiva.
¿PROBAMOS EN POSITIVO?
Artículo escrito por Mariol Fierro y publicado en LA NUEVA RUTA DEL EMPLEO,  octubre 2015.