Check List al Teletrabajo

 

Ahora imagínate por un momento que tu mejor amigo te avisa que viene a tu casa. Tenerlo en casa es estupendo. Durante meses, para estar juntos habéis tenido que desplazaros, acordar horarios y ahora que lo tendrás a tu lado, todo es tan nuevo como positivo.

¿Que no tienes cama ni habitación para él? NO IMPORTA, un colchón en el salón es una opción recurrida y hasta divertida.

¿Que coincide en horarios con tus hijos? NO PASA NADA, siempre quisiste que le conocieran mejor y ésta es una oportunidad, podréis estar todos juntos.

¿Que sus horarios son un poco extraños y se solapan con tus hábitos de vida? QUÉ MÁS DA, lo importantes es que está ahí, cerca, puedes ser flexible con eso.

¿Qué te roba tiempo solicitando tanta dedicación? PEOR SERÍA NO PODER TENERLO. A fin de cuentas, sabes que será poco tiempo y uno se adapta a todo, e incluso lo aprecia en la excepcionalidad.

 

Pero…. ¡¡¡¡¡¿y si ahora te dice que viene para quedarse?!!!!! Entonces la situación cambia, ¿verdad?

 

El colchón en el salón ya no es divertido, echas de menos no tener un tiempo en exclusividad con tu familia, te agota no poder vivir según tus rutinas, y empiezas a echar cuentas de la nueva situación. Sin embargo no hay marcha atrás   VIENE PARA QUEDARSE, y hay que buscar una manera de organizar esta situación, para que sea enriquecedora para ambos.

 

 

No es mi intención hablar aquí de todas las ventajas del teletrabajo (las estamos escuchando a diario), ni tampoco de sus inconvenientes (los escucharemos cuando los problemas de convivencia con este amigo empiecen a ser más evidentes).

Lo importante es tener en cuenta que una herramienta tan potente como ésta, requiere un proceso de adaptación y aprendizaje también potente. Y como organización nuestro papel es promover los pasos necesarios para que su implementación sea óptima. Nos interesa empezar a pensar en cómo afecta a la salud emocional de nuestros trabajadores, no solo porque hacerlo sea bueno para ellos, sino también porque es necesario para que nuestro proyecto funcione.

 

Porque ya no todo sirve, ya no todo es divertido cuando deja de ser novedoso… Porque pasados las primeras semanas de esa mezcla entre temor y novedad, y las segundas de aceptación y acoplamiento, llegarán las terceras de rutinas, y las cuartas de aburrimiento, y las quintas de necesidades…  Por todo eso, es el momento de hacer un check list que nos permita planificar la gestión de esta herramienta que es el teletrabajo.

 

  1. ¿Es la mejor opción? Piensa que hasta la mejor herramienta, no es la mejor herramienta para todo. Deja de lado las modas, estudia tus necesidades y genera a partir de ahí posibilidades. Habrá actividades que se adaptarán estupendamente al teletrabajo y otras donde será más dificultoso. Plantéate modelos mixtos.
  2. Teletrabajar no significa trabajar en la distancia, es importante que distingas entre presencialidad y cercanía. El sistema operativo de nuestro cerebro es social, está construido para tener relaciones sociales, busca la manera de mantenerlas. Plantéate, de nuevo, modelos mixtos de interacción.
  3. ¿Están tus trabajadores cualificados? Si cuando compras una máquina piensas en la formación necesaria para su buen uso, no pretendas que un cambio como éste pueda hacerse sin que ello sea también necesario.
  4. ¿Están tus trabajadores preparados? También es importante. No puedes dejar de lado que cuando implementas nuevos procedimientos de trabajo deben reforzarse competencias y motivaciones para que sean exitosos: capacidad de concentración, capacidad de organización, autonomía,  gestión de tiempos …  se pueden entrenar y mejorar.
  5. ¿Estás contando con que tus trabajadores son personas? Gestionar el lado humano y emocional de tus colaboradores será clave para el afrontamiento de nuevas situaciones: gestionar la incertidumbre, sentirse apoyado, la necesidad de ampliar refuerzos, gestionar el estrés … son variables de alto impacto en este proceso de adaptación.
  6. ¿Dispones de los recursos necesarios? Sí, eso también te compete. Cuando diseñas una oficina piensas en el espacio, las interferencias entre usuarios, las mesas y sillas donde realizarlo…. porque sabes que eso repercute en el bienestar de tus colaboradores y por tanto en tus resultados. ¿Y cuando el trabajo es en casa? ¿Pueden disponer tus colaboradores de espacios de trabajo adecuados? ¿Pueden parcelar tiempos? ¿Estás contando con ello?
  7. Llevamos un buen rato hablando de nuevos procedimientos, ¿los tienes diseñados? Implantar el teletrabajo es algo más que un ordenador en una casa. ¿Tienes definidos procesos? ¿Están definidos los tiempos de trabajo? ¿Están claros los objetivos? ¿Hay un diseño para mantener los lazos motivacionales y de apego? ¿Está valorada y tenida en cuenta la necesidad de interacción en los modelos de trabajo en equipo? ¿Estás diseñados los procesos de apoyo y seguimiento?

 

 

¿Estamos en un momento “feliz”, con nuestro amigo en casa, “de visita”?. Ahora que sabemos que viene para quedarse, trabajemos para que esta convivencia sea enriquecedora para todos.

 

Dejemos por un momento de mirar obnubilados a la herramienta, y pensemos quién la usará y cuál será la mejor manera de hacerlo.

PIENSA EN PERSONAS.

 

NO TE SIENTAS MAL POR ESTAR MAL

Pedro hoy es el niño más feliz del mundo. Con sus dos años, al fin ha conseguido poder comerse un helado de esos de mayores, de esos que van metidos en un cucurucho de galleta y que son grandes, grandes…. Lo mira, redondito por arriba, acabado en pico por abajo… su vida es su helado. Y como la vida a veces nos sorprende para mal, Pedro acaba de descubrir que esa vida le ha jugado una mala pasada, y ha manchado su camiseta preferida. No sabe muy bien qué pasó, si fue el pequeño tropezón que tuvo con ese niño que pasaba y que intentó estirarle los rizos, si fue que no supo gestionar bien los tiempos y se entretuvo demasiado en otras cosas mientras el helado se le derretía, si es que el helado quería fastidiarle… No entró a valorarlo.
No buscó soluciones, bueno sí, intentó quitarlo frotando con la mano, así disimuladamente pero….. sólo logró estropearlo más al intentar taparlo. Tampoco buscó ayuda, no fuera que encima le riñeran… Sólo sintió vergüenza por haberse manchado, sólo sintió que no sabía gestionar su “adultez”, sólo valoró que no podía ser “normal” que él con sus dos años no fuera capaz de comerse ese helado sin problemas… y entonces se sintió mal.
Como “adulto” que era, no quiso pillar una perreta, no fuera que se notara su disgusto. Tan sólo dejó caer sus brazos casi tan abajo como su ánimo, dejó pasar el tiempo pensando en lo que le había pasado, encogió sus hombros para que no se le notara….. y Pedro consiguió no sólo no solucionar ese incidente sino agrandarlo aún más con un helado caído, derretido y oprimido por sus brazos.

¿Os parece una historia triste? Pues puede serlo aún más. Porque lo que le ha pasado a Pedro nos pasa en gran medida a las personas cuando hablamos de emociones.

Cuando alguna de nuestras emociones se derrite y mancha nuestro estado de ánimo, en demasiadas ocasiones no nos planteamos qué ha pasado ni cómo se puede solucionar. Y no lo hacemos porque nos sentimos tan mal por cómo nos ha quedado nuestra camisa, que no reaccionamos. Tampoco pedimos ni buscamos ayuda, porque nos sentimos tan culpables sin saber de qué…que decidimos encogernos de hombros y dejar pasar el tiempo, sin saber que el problema no desaparece, sino que al derretirse se extiende.

En mi consulta como psicóloga y coach, trabajo con muchas personas que pasan por procesos en los que quieren y necesitan mejorar su salud emocional. Las situaciones de estrés, los conflictos personales y profesionales, las dificultades para gestionar los tiempos y prioridades…. nos llevan a situaciones donde nos cuesta trabajo seguir. Y entonces el cucurucho no es suficiente para contener el helado derretido, cada vez más cuanto más esperamos. Cada vez más cuanto mayor es la carga de culpa que nos echamos encima.

Pero… ¿Qué habría pasado si Pedro hubiera pedido ayuda en el momento del primer goterón?

Quizás el mundo no habría sido tan cruel con él como él creía y simplemente, las personas que le quieren le habrían ayudado a solucionar el pequeño incidente. Quizás además habría aprendido estrategias sobre qué hacer si volvía a ocurrirle. Quizás le habrían mostrado alguna causalidad que le ayudara a evitarlo. Quizás le habrían reñido…pero menos. Quizás se habrían reido y le habrían enseñado a reírse de esas cosas que son inesperadas. Quizás le habrían mostrado que uno debe aprender a base de helados derretidos….O quizás le habrían llevado a un sitio donde ayudarle a que no fuera a mayores.

En nuestros malos momentos emocionales, nuestras soluciones no están en taparnos y dejar que la culpabilidad por esa camiseta emocional que no está impoluta y en perfecto estado, nos lleva a la inacción o a la rabia. No es cuestión de culpabilidades, los helados se derriten, los niños tropiezan, las camisetas se manchan, las personas sufren, pasan malos momentos, tienen problemas de salud… también emocional. Nos ocurre a todos…aunque lo intentemos disimular.

Nos han dicho del malestar emocional que una parte pequeña depende de las situaciones y una gran parte de cómo interpretamos esas situaciones. Yo añadiría algo más: el dolor emocional al que llegamos, depende en una pequeña parte del hecho que estamos interpretando y de una gran parte del sufrimiento que nos genera el malestar que nos ha producido. Es lo que llamamos las meta-emociones, es decir, el cómo nos sentimos por tener determinadas emociones, que nos cuesta reconocer, son naturales.

Si cuando nos duele una pierna comunicamos nuestro dolor, buscamos ayuda, sabemos que la cura requiere un tiempo y un esfuerzo…. ¿Por qué no es igual cuando nos duelen las emociones? ¿Por qué nos sentimos culpables de sentirnos mal? ¿Por qué nos cuesta tanto comunicar ese dolor? ¿Por qué nos sentimos tan frágiles? ¿Por qué creemos que ese dolor es avergonzante? Y lo más importante, para qué nos sirve que esto sea así…. PARA NADA.

Quizás la respuesta a estos por qués esté en la creencia de que debemos tener un control absoluto sobre nuestras emociones, y no es así: debemos saber que están ahí y debemos saber que podemos aprender a manejarlas. Pero al igual que aprendemos a caminar y es posible caerse y que nos duela una pierna, también es posible ese dolor con nuestras emociones. Y al igual que es posible salir adelante en un caso, también lo es en el otro.

El dolor emocional debe tener la misma utilidad que todos los dolores, es decir, identificar una necesidad de paso a la acción para la mejora. Debemos trabajar para dejar de añadir a nuestro dolor, el fuerte componente de autoculpabilidad que en demasiadas ocasiones tiene el dolor emocional.

Dejemos de lado esas meta-emociones de culpabilidad, y pensemos en cómo calmar nuestro dolor y en cómo evitar que surja de nuevo. Sin más.

No hay razones para las culpas emocionales: deja de sentirte mal por estar mal, y empieza a trabajar por sentirte mejor. TE LO MERECES.

¿Empezamos?

LOS SUPERPODERES NO SON COSA DE PSICÓLOGOS

    Lo siento, no tengo los poderes de un hada madrina, capaz de tocarte con mi varita mágica y convertir tus sueños en realidades. Ni tan siquiera soy una pitonisa capaz de avisarte de cuál será tu futuro. Ni mucho menos una superheroína capaz de apartarte de las personas peligrosas, ni tan siquiera una máscara protectora de personas tóxicas.

(más…)

TRANQUILO, NO VIVIRÉ TU VIDA

Para ponerme en tu lugar, ni necesito ni puedo ser tú

Marta se estrelló. Había escuchado muchas veces que eso de la empatía era ponerse en el lugar de otra persona y cómo era eso de importante para su profesión. Y Marta quería ser una buena profesional. Llegó a la conclusión de que si quería entender a sus clientes, debería pasar por sus mismas situaciones.

La primera persona era corredora de maratón, así que, si quería trabajar con ella la motivación, debería también correr maratones, sentir como su cliente a mitad de la carrera. Lo hizo, pero resultó que ella había sentido otras cosas diferentes que intentó hacerle ver a su cliente, y se estrelló.

Su segundo cliente era un famoso cocinero que necesita aprender a priorizar tareas, así que para empatizar desde la experiencia aprendió cocina y trabajó unos meses en un restaurante. Tampoco esta experiencia fue demasiado productiva, de nuevo se estrelló: había clonado una variable, pero cada persona se compone de muchas.

Decidió entonces mejorar su estrategia, quería ser una buena profesional. Iba a charlas y presentaciones y seguía viendo cómo muchos se explicaban en base a haber vivido experiencias en lugar de haber adquirido competencias, cómo muchos mostraban los recursos que habían puesto en marcha en lugar de hablar de la caja de herramientas de recursos, donde es más importante saber cuál elegir en cada caso, con cada persona.

Seguía cada vez más convencida de su estrategia. Con su tercer cliente, sí que lograría empatizar desde la experiencia. Se metería en la piel de la persona que entrara por su puerta y viviría su profesión antes de intentar ayudarle en las dificultades que tuviera en ella. Viviría su trabajo antes de acompañarle en sus procesos de mejora en el mismo. Cada segundo, cada gesto, cada acción, cada movimiento, cada pensamiento…,así empatizaría.

Marta no lo sabía, pero su próximo cliente sería un famoso piloto acrobático…y Marta se estrelló.

Cuando buscamos comprender la vida emocional de otra persona en base a replicar una experiencia concreta, cometemos dos errores importantes:

1. La empatía es un viaje de ida y vuelta, manteniendo la perspectiva. Supone ser capaz de ponernos en la situación de una persona, escucharla, comprenderla… pero sin sufrir sus daños, para poder volver de nuevo a una posición que nos permita ser facilitadores de su mejora, sin golpes ni raspaduras.
2. Es muy difícil clonar experiencias, por la multitud de variables implicadas, pero es imposible clonar emociones, porque cada persona ha ido construyendo su mundo en el día a día, y cada persona vive las experiencias de una manera diferente.

Cuando basamos única y exclusivamente nuestro valor profesional en haber vivido experiencias similares, no somos empáticos, simplemente hemos elegido un modelo similar, al que ponerle nuestra ropa. Y ya sabes, no todo queda bien a todo el mundo.

A veces, antes de mirar a los demás, les ponemos gafas de sol de espejo, y creemos estar mirándolos cuando no hacemos más que ver nuestro reflejo y actuar en consecuencia.

Empatía no es contagio emocional, que es una respuesta automática de nuestras neuronas. Empatía no es simpatizar con las emociones de los demás por tener afinidad o identificarnos por haberlas vivido.

Vivir una experiencia puede ser el disparador para convertirnos en profesionales, pero no nos da la profesionalidad, es más, nos obliga incluso a ser más cuidadosos.

Cuando hemos vivido una situación determinada tendemos a valorar otras situaciones en base a nuestra experiencia, es decir, nos cuesta más trabajo apagar nuestra radio. Creemos que si a nosotros nos han servido determinadas estrategias, les pueden servir a los demás, les deben servir a los demás, les tienen que servir a los demás: creemos que si nosotros hemos podido los demás también pueden poder, deberían poder, tienen que poder…

Pero cometemos así un último gran error: LOS DEMÁS NO SON TÚ.

Quiero entrenar mi empatía, desde la profesionalidad, no quiero tener que vivir cada experiencia de cada persona a la que ayudo, a la que apoyo, a la que facilito su mejora….

¿Os imagináis que tuviera que hacerlo?

Y a ti ¿QUÉ TE IMPORTA?

¿Has tenido alguna vez la sensación de dedicarte tanto tiempo a tantas cosas que se te queda algo en el camino?

Es importante que sepas que cada día tú eres quien cocinas tu vida. Cada día puedes pensar en cuáles son los ingredientes necesarios para seguir alimentándote como persona, y seguro que lo haces.

Pero el día a día, a veces, te hace olvidarte del objetivo principal para centrarte en lo accesorio. Entonces poco a poco vas añadiendo procesos e ingredientes, y vas convirtiendo la necesidad de alimentarte en el arte de la cocina. Es entonces cuando pasas de un poco de arroz con alguna que otra proteína, a una maravillosa paella.

¡Estupendo!, te dices y te dicen: es nuestra manera de crecer, de evolucionar, de diferenciarnos…. Es ahí cuando tu mente empieza a volar…y dedicas tu tiempo a pensar en hacer la mejor paella, con los mejores ingredientes… lo más y lo mejor.

Ahora bien, ¿es en todos los casos estupendo? Depende de lo que dejes en el camino… Unas pequeñas pistas para que lo valores:

¿Tienes cubierta tu primera necesidad que era estar alimentado? Sólo se puede crecer estando vivo.

¿Dispones de los recursos y tiempo necesarios? Tus recursos y tus tiempos no tienen un efecto multiplicativo a coste cero.

¿Estás pensando en tus intereses? Es muy sencillo, valora si lo de la maravillosa paella es realmente lo que quieres y necesitas, o te estás dejando llevar por alguna moda.

En demasiadas ocasiones nos levantamos demasiado temprano, invertimos demasiado tiempo, gastamos demasiados recursos y pensamos demasiados extras … y se nos olvida lo principal. En demasiadas ocasiones salimos a comprar ingredientes excepcionales para una maravillosa paella…y se nos olvida el arroz. Esa que damos por hecho que está siempre ahí, esa que quizás no sea tan espectacular, esa sencilla y repetitiva arroz…sin la que sin embargo no podrás hacer NUNCA una paella. ¿Te das cuenta de lo irónico de la situación?

En su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, S. R. Covey nos presenta un modelo de gestión del tiempo y objetivos en el que nos habla de la necesidad de tener claro cuáles son las cosas realmente importantes para nosotros. Muchas veces nos fijamos tanto en las pequeñas cosas que queremos añadir a nuestras necesidades emocionales e incluso profesionales, que se nos olvidan las grandes cosas que sostienen y justifican nuestra vida.

Necesitamos tener una enfermedad para dar valor a la salud, perder a alguien querido para entender cuánta necesidad teníamos de estar a su lado; necesitamos quedarnos sin aire para entender lo importante que es poder respirar…

¿Por qué esperar? ¿Por qué no poner en nuestra lista de la compra para la cocina de nuestra vida, en primer lugar, lo primero?

Y ahora que tienes clara la importancia de ocuparnos del ingrediente principal… ¿Cuál es tu arroz? ¿Qué estás haciendo para tenerla?

Te propongo un sencillo ejercicio:

Elige un momento y un lugar donde puedas ser tú, con todas las radios que te rodean apagadas, sin ruidos ni músicas… Dedícate un tiempo a preguntarte qué es lo realmente importante en tu vida. Quizás te parezcan demasiadas preguntas, pero es que lo importante son las respuestas.

Piensa por un momento en cómo sería tu vida sin algo de lo que tienes… ¿Te das cuenta ahora de cuántas cosas importantes estás dando por conseguidas y se te están olvidando? No es algo que te ocurra solamente a ti: es habitual que demos por conseguido indefinidamente aquello que ya tenemos, pero la realidad es que eso que ya tenemos casi siempre tiene piernas, y muchas veces se nos escapa sin darnos cuenta.

PLANIFICAS TUS VACACIONES…¿Y TU VIDA?

¿Crees que diseñar tu futuro merece menos esfuerzos que planificar tus vacaciones?

En esta época del año empezamos a pensar, tomar decisiones, preparar cosas, ponernos en marcha….para nuestras vacaciones. ¿Has pensado en utilizar ese mismo proceso para diseñar tu futuro? ¿O crees que tu vida es más sencilla que unas vacaciones?

Las vacaciones ideales son TUS VACACIONES, aquellas que quieres hacer y aquellas que puedas hacer ponderando esfuerzos y resultados.

EMPEZAMOS POR LA VACACIONES…

¿A qué llamas tú ir de vacaciones?

Parece obvio, pero no es así: las vacaciones son para cada persona una cosa diferente, no existe un modelo estándar. Para unos es descanso, para otros viajes exóticos, para otros sol y playa… ¿Qué son para ti unas buenas vacaciones?

¿Sabes dónde quieres ir?

Una vez decidido lo anterior, ahora estarás pensando dónde ir para encontrarlas. Posiblemente estarás visualizando el sitio, quizás hasta tengas una foto del sitio al lado de tu zona de trabajo, por eso de tener claras tus metas y así motivarte a continuar hasta que llegue el día. Y sobre todo, te habrás informado no sólo por referencias.

¿De qué recursos dispones?

Esta es la parte menos bonita, pero es necesaria. Quizás quieres dar una vuelta al mundo durante 6 meses, pero también quizás no dispongas de los recursos suficientes, ni quieras o puedas hacer el esfuerzo necesario para llegar a tenerlos.

¿Cómo vas a llegar?

Por supuesto hay que pensar cómo llegar hasta ese sitio maravilloso. ¿Buscas un viaje rápido o quieres ir disfrutando del camino? ¿De cuánto tiempo dispones? ¿Cuáles son tus recursos? Entiendo que no es lo mismo ir en avión privado, que desplazarse a pie, todo depende de tus expectativas, tus tiempos, tus recursos y tus intereses… y por supuesto de tu entorno (no siempre hay vuelos, no siempre se llega a pie).

¿Has preparado las maletas?

¿Llevas en ellas todo aquello que te puede ayudar a disfrutar de las vacaciones sin que te pese demasiado? ¿Has podido quedarte con lo que es importante y dejado a un lado cosas con las que podrás hacerte en el camino? ¿Sabes qué puedes encontrarte a tu llegada y qué no necesitarás? Por cierto, ¿sabes lo que llevas y cómo encontrarlo?

Antes de salir, ¿has dejado la casa bien cerrada?

Es importante que antes de salir de viaje, te fijes en dejar bien las cosas en el punto de partida. Ya sabes, no interesa dejar grifos abiertos… y siempre es bueno mantener el contacto con los vecinos.

¿Está preparado tu medio de transporte?

Recuerda que un coche no es un fórmula uno, ni una furgoneta; que una bicicleta no sirve para recorrer miles de kilómetros en poco tiempo; que un avión de pasajeros no contempla vuelos regulares de menos de 100 km…. Quizás te parezca una tontería pero no lo es: cada medio de transporte tiene unas posibilidades y también unos límites. Aprende a gestionar tus recursos, no a “romperlos por tu autoexigencia”. Entiende también que es necesario el mantenimiento, o te quedarás sin gasolina a mitad de camino.

¿Estás entrenada para el viaje?

Cada acción requiere una competencia. Conducir es más que girar el volante a derecha e izquierda. Emprender una largo viaje supone saber hacer viajes cortos, tener entrenados tiempos, esfuerzos y habilidades. Supongo que si vas a recorrer 1000 km en coche, antes habrás recorrido al menos otros tantos de entrenamiento en etapas… y por supuesto, tendrás carnet de conducir.
Además, al igual que tu coche, tu también necesitarás repostar por el camino.

Cuando las cosas no salen como tenías previsto…

¿Qué esperabas? No todo depende siempre de ti. Habrá imprevistos en tus planificaciones, pero eso no tiene que amargarte las vacaciones. Habremos tenido dificultades que han sido obstáculos a superar, habremos tenido situaciones inesperadas que han modificado en parte nuestras expectativas…

No se trata de olvidar que puede surgir un problema sino de prever qué hacer cuando surja, no se trata de pensar que no nos cansaremos, sino de tener previstas estrategias para superar ese cansancio… nosotros solos, o con el apoyo de otras personas. Los imprevistos se planifican, no intentando controlarlos sino preparándonos para afrontarlos.

¿Cómo medirás el éxito de tus vacaciones?

Quizás estés valorando si todos los esfuerzos que has tenido y tendrás que hacer en cansancio, tiempo, dinero… compensan los resultados en cuanto a disfrute, tiempo y recompensas….. ¿Merece la pena? ¿Somos capaces de fijarnos en el global y valorar como positiva la experiencia? ¿En base a qué vas a valorarlo?

Quizás sea bueno que tengas esto previsto antes de empezar el viaje. ¿Has pensado en tus vacaciones con flexibilidad para asumir cambios y aún así disfrutarlas? ¿Has balanceado tus posibilidades y tus sueños? ¿Has tomado nota de unas expectativas ambicioso-realistas para luego poder reconocer los éxitos? ¿Eres capaz de comparar?

El futuro ideal es TU FUTURO, aquel que has decidido que quieres tener y aquel que puedes llegar a conseguir ponderando esfuerzos y resultados.
¿VAS A PLANIFICARLO?

¿Te parece si empezamos a aplicar el método a nuestra vida?
¡¡¡¡ EMPEZAMOS !!!!!

¿TRABAJAMOS EN EQUIPO?

ROMPIENDO MITOS…PARA EMPEZAR A DAR PASOS…

Quiero dedicar este artículo a todas la personas que han participado en mis procesos de paso a la acción para trabajar en equipo. Hemos roto mitos y también hemos abierto muchas puertas para empezar a dar pasos. A todas esas, de la empresa pública y la privada, que han empezado a convertir sus sueños de trabajar en equipo, en estupendas realidades… ADELANTE!!!!

Rompe mitos para romper límites… Ajusta tus expectativas, antes que tus expectativas ajusten cuentas contigo.
Rompe mitos para romper límites...

NI TODO NI SIEMPRE…
El trabajo en equipo es una de esas cosas que siempre proponemos. Es tan bueno como decir que es bueno hacer deporte, dedicarnos tiempos a nosotros mismos, comer sano…
No seré yo quien pretenda plantear aquí que lo dicho anteriormente no es bueno, pero sí quiero hacer una reflexión sobre el “todo” y el “siempre”. Es bueno hacer deporte pero ni en todas la ocasiones ni en todos los casos; es bueno dedicarnos tiempo a nosotros mismos, pero ni todo el tiempo ni sólo a nosotros. Incluso comer sano es bueno, pero nadie nos podrá negar que algún que otro extraordinario poco saludable para nuestro estómago puede ser muy saludable para nuestra mente.
Trabajar en equipo no supone un todo o un nada en nuestro trabajo. Podemos tener una actividad laboral donde en ocasiones creemos equipos de trabajo y en ocasiones no, lo importante es que seamos consecuentes en cada caso con cada modelo. ¿Alguien cree que trabajar en equipo es igual de eficiente en todos los trabajos y/o tareas? Como en los casos anteriores, ni todo ni siempre.

NI TANTO NI TAN CALVO…
Uno de los pasos más importantes para generar frustración es haber conseguido generar antes unas expectativas desorbitadas. Y con el trabajo en equipo nos ocurre en demasiadas ocasiones.
Las personas no nacen sabiendo trabajar en equipo. Estamos hablando de un PROCESO que supone que las personas que componen el equipo asuman y conozcan cuáles son las ventajas y también los inconvenientes.
El trabajo en equipo no es garantía de buenas relaciones laborales, facilita la interacción y debemos trabajar para que esa interacción sea buena. ¿Alguien cree que abrir las puertas a la comunicación abierta y la responsabilidad compartida es bueno si no sabemos comunicar asertivamente o nadie asume responsabilidades?

NUESTRO AMOR NO ES PARA SIEMPRE…
Tenemos la creencia que cuando un equipo se consolida, queda consolidado para “toda la vida”. Nada es para toda la vida si no se trabaja para ello. Al igual que las personas, los equipos pasan por fases, que hay que conocer y en las que hay que trabajar. ¿Alguien cree que las relaciones se mantienen en el tiempo sin altibajos?

¿QUIÉN MANDA AQUÍ?
También creemos que trabajar en equipo supone estar en organizaciones planas donde no existen ya cadenas de mando. No la hay en el equipo, pero sí en muchas ocasiones en la organización a la que pertenecemos; incluso voy más allá, nuestro equipo puede definir momentos en que las decisiones, por consenso, dependen de una persona. ¿Alguien cree que la mayor parte de nuestras organizaciones, a día de hoy, pueden prescindir de esa cadena de mando en todos los casos?
Por otro lado y aunque resulte contradictorio, tendemos a poner la responsabilidad de un buen equipo en un buen líder. Esperamos que un equipo no tenga una cadena de mando pero a la vez esperamos que un líder nos lleve dentro de ese equipo, y ponemos gran parte de la responsabilidad de ese equipo en el líder del mismo. ¿Alguien cree que una sola persona es responsable de todo lo que ocurra en las interacciones de un grupo de ellas? Si hay algo que define a un equipo es la responsabilidad y el compromiso compartido.

CADA CASA ES UN MUNDO
Podemos definir y estudiar tipos de liderazgo, propuestas de formato de equipo, competencias a desarrollar… pero cada equipo es un mundo. Las “recetas” no son uniformes, se deben adaptar a cada caso, a cada contexto… teniendo en cuenta las personas que componen el equipo.

Dar pasos para hacer camino… Ten clara tu meta, y ten también claro TU primer paso,
Dar pasos para hacer camino...

Quiero de nuevo poner en valor aquí, a las personas que han participado en nuestras acciones formativas. A todas, pero si cabe aún más a aquellas que por definición -más bien por estereotipos anticuados- son pasivas, están “apoltronadas “ en sus puestos fijos, e intentan sólo pasar las horas…. ¡NO ESTOY DE ACUERDO! (Ni todos, ni siempre) A todas esas personas, de la empresa pública y la privada, que han sabido convertir los sueños de trabajar en equipo, en realid¡ades. A todas aquellas que tienen en su programa los pasos que pueden dar para empezar el camino del trabajo en equipo.

A todos aquellos que han llegado a conclusiones tan interesantes como que:

– Cuando queremos trabajar en equipo ponemos en marcha un proceso de cambio con sus tiempos y sus etapas, de las que todos somos responsables y todos podremos obtener beneficios.
– Que la comunicación es esencial para trabajar en equipo, y fomentar una comunicación emocional eficiente es la base de cualquier actividad que suponga una interacción.
– Que aquello que sabemos comunicar nos ayuda a interactuar de manera más saludable.
– Que es importante querer dar, pero también saber pedir (siempre esperamos pero pocas veces pedimos).
– Que todos aquellos procesos que supongan la participación y el compromiso se han demostrado especialmente eficientes y saludables.
– Que si queremos llegar a un cuarto piso, la mejor manera no es dar un salto, es subir paso a paso, metro a metro.

¿BUSCAS LO MALO DE LO BUENO?

¿Conoces a alguna de esas personas que siempre buscan lo malo de lo bueno? Ya sabes, aquellas que piensan que todo tiene una mala parte que hay que destacar.

Aquellas que se van de vacaciones y te hablan del calor excesivo, que tienen un buen trabajo e insisten en las responsabilidades, que tienen un buen salario y te hablan de los impuestos que pagan por ello, que tienen más tiempo libre y lo dedican a pensar cuánto van a aburrirse, que no tienen problemas de salud y te hablan de la última mota que se les metió en el ojo, que pasan por un buen momento y se centran en lo poco que “saben” dura lo bueno…

También existen las personas que tienden a buscar lo bueno en lo malo. Y ahí está la gran paradoja, y es que aquellas personas que están pasando por malos momentos, tienden a fijarse más en lo bueno, como una estrategia para seguir adelante.

Son aquellas que no han podido ir de vacaciones y te hablan de conocer su ciudad, que trabajan día a día dejándose todas sus fuerzas e insisten en ello como una manera de mantenerse activas, que piensan en aprovechar cada minuto de su poco tiempo libre, que buscan cada minuto sin dolor en sus procesos de recuperación, como un momento más de éxito, que pasan por un mal momento y se centran en que lo bueno está por venir…

Ya sabes hay personas que consideran que el agua está fría y otras que nadan para entrar en calor, personas que encuentran la suciedad entre las flores y otras que encuentran flores entre la suciedad, personas que encuentran la paja en todos los ojos, incluso el suyo… y personas que construyen viviendas con las vigas.

Aquí te dejo algunas reflexiones, para que tú decidas si te pasas al grupo de los que buscan lo bueno, incluso entre lo malo.

1. Esperar que TODO sea PERFECTO es la manera más SEGURA de equivocarse. En demasiadas ocasiones planificamos nuestras vidas como si fuéramos los protagonistas de una película donde nada surge del esfuerzo, donde los días son soleados y los campos verdes. Apaga la tele y entra en el mundo real, ese donde las cosas se consiguen con el esfuerzo y donde para que los campos sean verdes, es necesario que algún día llueva. Aprende a apreciar el olor de la hierba mojada por la lluvia, el calor del sol y la frescura de la sombra… y piensa que quizás no todo sea posible, pero sí todo es intentable, y todo tiene un valor, el que tú le das.
2. Una cosa es no ver y otra ponerte demasiados aumentos. No estamos diciendo que no veas las dificultades, están ahí, pero una cosa es esconderlas y otra magnificar las cosas hasta el punto de hacerlas tan monstruosas como insuperables. Balancea tus valoraciones, tu “todo es malo”, NI ES TODO, NI ES TAN MALO.
3. ES TU DECISIÓN ELEGIR EL GRUPO. Una vez que has decidido elegir dónde estar, esa etiqueta te ayudará a mantenerte en él. Porque tu cerebro quiere que tengas razón en la decisión que has tomado. A esto lo llamamos disonancia cognitiva. Por esa razón si has decidido ver cochecitos de bebé mientras paseas, verás un montón de ellos, si has decidido ver piernas escayoladas, verás más que de costumbre…y si has decidido ver cosas buenas en tu vida, las verás también.
4. Al final tus decisiones van marcando tus realidades. ¿Oiste alguna vez hablar de las PROFECIAS AUTOCOMPLIDAS? Si piensas que todo lo que te rodea es negativo, tenderás a ver sólo lo negativo, te comportarás en base a ello, y al final lo terminará siendo. Si crees que tus compañeros quieren hacerte la vida imposible, te fijarás sólo en cada aspecto que lo corrobore y entonces tú te comportarás de tal manera que lo favorecerás.
5. Y por último, si todo lo anterior no te ha servido para reflexionar, plantéate, ¿PARA QUÉ TE SIRVE fijarte en todo lo negativo? ¿Para preocuparte? ¿Para darte pena a ti o a los demás? Ninguna de las dos opciones te ayudará a dar el primer paso para el cambio y la mejora: ocuparte.

En el mundo real, nada es perfecto, y es ahí donde está nuestro valor añadido, eso es lo que nos distingue y lo que nos da poder: EL PODER DE ELECCION, el poder de decidir cómo valoramos y cómo afrontamos nuestras experiencias.
Ser capaces de reconocer y valorar lo positivo, saber apreciar cada momento, a la vez que buscamos la forma de afrontar lo negativo, forma parte de nuestra SALUD EMOCIONAL.
¿EMPEZAMOS?

NO ME GUSTARON TUS OJOS… O ESO CREÍA

Ayer escuché lo que decías, pero no terminaba de entender lo que hablabas. Siempre explicamos en los cursos la importancia de “lo que no dicen las palabras”, y tus ojos decían cosas que tus palabras no reflejaban.
Cuando tus palabras eran lógicas, argumentadas y correctas… tus ojos sentían.
Cuando tus palabras mostraban cabreo… tus ojos mostraban afectación.

Por un momento sentí que no me gustaba esa mirada, porque denotaba sufrimiento. Quise decirte que prefería unos ojos de enfado a unos ojos de decepción, pero no era el momento.
Menos mal, porque cuando mis emociones también dejaron paso a mi capacidad de racionalizar, pensé en que esos ojos demostraban que tras una buena profesional había también una buena persona, ya sabéis que los gurús de los recursos humanos nos dicen que no podría ser de otra forma.
Además, comprendí que tras la fortaleza no se esconde la sensibilidad, es de otra forma: la sensibilidad sostiene la fortaleza.
Te puedes permitir sentir, como profesional y como persona, incluso algo tan triste como una desilusión, porque eres fuerte, y eres fuerte porque sientes.

Abrir las puertas a las emociones es sentirlas y ser tú quien las gestione. Cerrar las puertas supone no poder salir de tu casa al mundo, ni dejar que nadie entre… ¿qué harás cuando te quedes sin comida?

Recuerda que emocionarse incluye todas nuestras emociones. No pasemos del no permitirnos emociones al sólo permitirnos reír. Si estuviste de acuerdo con la frase “yo soy yo y mis circunstancias”, dale una vuelta y dite a ti mismo “yo soy yo y mis emociones”.
¿Nos permitimos estas fiestas la posibilidad de emocionarnos? Y una vez pasadas….¿seguimos?
Empieza YA en tu gimnasio emocional.
Entrenarás todas tus emociones. Puedes hacerlo desde casa o recurrir a entrenadores profesionales. Entrénalo, al principio no es fácil, pero luego será tu bagaje para afrontar el mundo.

¿Empezamos? No para principios de año con todo aquello de hacer deporte, ponerse a régimen, dejar de fumar…. AHORA. Desde ya. Desde el momento en que termines de ver mi felicitación de Navidad.

VIAJE AL FUTURO… EN BICICLETA

Cuando mi hijo cogió su bicicleta para salir, siendo ya una semana de cole, me quedé un  poco extrañada. Lo primero porque había decidido salir un día «laborable», lo segundo porque daba por hecho que podía hacerlo.

En un segundo había en la habitación dos caras, una de felicidad y emoción por tener que hacer deberes, y otra de sorpresa precisamente por ello y por tener que asimilar qué tienen que ver los deberes con salir a andar en bici.

PUES SÍ: TIENE QUE VER, Y MUCHO

Mientras apagaba mi radio de madre (ya sabéis, por dónde irán, qué harán, se me mojarán, se cansarán mucho…) le escuchaba cómo tenía que formar un equipo, elegir una ruta e investigar sobre ella, recorrerla practicando un deporte, fotografiarla, editarla y luego presentarla. El tiempo no existía, ni tan siquiera se planteaba que la actividad les llevaría horas de preparación, ejecución y presentación. ¡Era algo emocionante!

Una vez apagada la radio de madre, me puse a reflexionar sobre el tema, basándome en un artículo que recientemente compartí en mi facebook, que hablaba de las competencias necesarias en el futuro en el ámbito laboral y también de mejora personal (os invito a verlo).

Y como las personas de la edad de mi hijo, son ese futuro, aquí os dejo mis conclusiones:

En primer lugar toda competencia requiere entrenamiento, así que el futuro empieza a entrenarse hoy. Las competencias se entrenan, no se estudian. ¿Crees que se aprende a tocar el piano leyendo sobre los tipos de instrumentos?¿Crees que se corre en las olimpiadas estudiando la historia de las mismas?

Entonces, ¿cómo crees que nuestros hijos se defenderán en un futuro de cambio constante? ¿Escuchándonos, estudiando… o poniendo en práctica y “sudando” esas habilidades?

En segundo lugar, ¿puedo entrenarlas andando en bici? Repasemos:

  • Elegir un compañero de trabajo y hacer la actividad con él: TOMA DE DECISIONES.
  • Compartir la decisión de elegir una ruta y recorrido, asignar tareas según habilidades, asumir responsabilidades conjuntas…: TRABAJO EN EQUIPO.
  • Organizar la actividad para que pueda estar terminada en el plazo exigido, sin dejar de lado otras actividades…: GESTION DEL TIEMPO Y PLANIFICACION.
  • Hacerse con información, preparar los equipos, consultar el tiempo…: BÚSQUEDA Y GESTIÓN DE RECURSOS; PREVISION DE NECESIDADES.
  • Seleccionar una actividad válida para las dos personas que participaron…: AUTOCONOCIMIENTO Y ANALISIS DE RIESGOS.
  • Cuando volvieron de hacer el recorrido en bici (deporte que eligieron) estaban a partes iguales exhaustos, emocionados, desestresados …y con ganas de programar el resto de los pasos, es decir, de seguir entrenándose en competencias: AUTOMOTIVACION, incluso a pesar de las agujetas del día siguiente (VALOR DEL ESFUERZO).
  • Como además, como ocurre en todos los primeros entrenamientos, la “pasión” les llevó a más velocidad de la adecuada por caminos no demasiado preparados para ello, también conocieron la importancia de ASUMIR CONSECUENCIAS, que en este caso fueron unas piernas y brazos con alguna que otra lesión superficial por ortigas y hartos.
  • La presentación del mismo en clase les supone algún que otro hormigueo y vergüenza, que sin embargo esperan superar juntos (EMPODERAMIENTO, AFAN DE SUPERACION, COMUNICACIÓN).
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Ahora os pido que por favor, repaséis cada una de las palabras que he señalado con mayúsculas. ¿Consideráis que algo de esto les será imprescindible para su desarrollo tanto profesional como personal? ¿Queréis que continuemos o es suficientemente interesante?
Cuando dejo volar mi imaginación no estoy hablando de olvidar conocimientos, sino de potenciar competencias. Estoy hablando de un modelo donde entre las competencias estén la RESPONSABILIDAD, ESFUERZO y el aprender a hacer QUE NOS GUSTEN LAS COSAS QUE HACEMOS y NO QUE SOLO HAGAMOS LO QUE NOS GUSTA, porque eso también tendrán que entrenarlo para su futuro.

Tampoco quiero en este imaginario vuelo llevarme solamente a los centros educativos. Quiero también llevar conmigo todas estas actividades con las que ¿preparamos? a nuestros hijos. Reflexionemos: ¿entrenamos habilidades o de nuevo caemos en el mismo sistema de “embutir” conocimientos?

Considero que la mejor preparación que podemos dar a nuestros hijos, es PREPARARLES PARA ESTAR PREPARADOS. Su mochila para el viaje, tiene que estar llena de recursos, preparada para la lluvia, el sol, el frío, el calor, la cena de gala, la excursión… ¿Les preparamos para adaptarse a las situaciones o les llenamos su mochila de “por sis” para ese viaje a no sabemos aún dónde ni cómo?